Vamos para afuera

Como si algún puño interno, alguna conglomeración de fibras, una contención de nervios, se erigiera por sobre y por dentro del cuerpo, con la previsión y la violencia del martillo de un revolver soltándose.

La música se junta con el humo y los vapores de las miradas inquietas en reflejos fugaces. Una frazada en verano, el tiro mordaz al cuerpo ya fallecido entrando en la carne con el ruido sordo del sarcasmo.

El ritmo esta en el vaso vaciándose, arrasando con la electricidad dispersa que altera el anillo de fuego aunque sin modificarlo.

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