La Bestia

Era neutral, pero al revés. Tenia problemas con todos. El espíritu de la furia de qué volcán habita a este hombre es un enigma que a veces se ilumina. El brío de sus arranques, a la luz que entre tanto lo refleja, es el ímpetu del huroño héroe de un tango. Un proceder anacrónico, anacúsico.

Anoche estaba opaco sin embargo. Resplandeciendo en la tibieza del borde del haz de luz de una vela, una noche de viento repentino.

***

Algunas noches uno lo ve pasar y pareciera que tuviera la apariencia de un hombre de montaña. Pesado, algo encorvado y con largos brazos que se contrabalancean con dos enormes manos.

Juraría que quiso preguntarme algo. Me miró y creí que iba a dirigirse hacia mi, pero retiró su mirada y retomó su paso.

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